Revolución

Las revoluciones son necesarias. Todas son distintas, pero son necesarias. Bendito es el momento en el que descubres que algo debe cambiar y bendecida eres cuando reconoces que ese cambio está en tus manos. Algunas veces hacemos cosas que parecen correctas, pero con el pasar del tiempo, entendemos que no es así, que no porque para otros haya funcionado, deba funcionar para nosotros. Y para esto existen las revoluciones, internas, masivas, sangrientas, tristes, individuales, largas, fulminantes, lentas, agresivas, la que sea… ese momento en el que sabes que lo que digas o hagas, esas palabras que salen desde el fondo de tu corazón o esos actos hechos con pasión, cambiarán todo. Hace falta valor, mucho valor y no todos somos capaces de esos actos valerosos siempre.

Sin embargo, durante nuestra vida tenemos muchas oportunidades de revolucionar algo,  las oportunidades están ahí para ti, tú decides si tomarlas o dejarlas pasar.

Una revolución individual, interna no es menos importante que una masiva, ya que el resultado al final influirá en tu vida y en la vida de aquellos que te rodean.

La revolución puede cambiarnos física, mental, espiritualmente, en cualquier ámbito es de incalculable valor el cambio que se logra, una vez hayamos tomado la decisión de hacerlo.  A veces los cambios, las despedidas, los fines duelen, ese dolor es necesario y útil, nos ayudan a crecer, nos hacen ser las personas que debemos ser.

El ser auténtico que somos, solo nace del aprendizaje y resurge una y otra vez, de las situaciones que lo obligan a avanzar, creciendo, afirmándose, haciéndose fuerte y valiente, evolucionando. Como todo lo bueno, por momentos es difícil y no todos estamos en capacidad de lograrlo, por distintos motivos: miedo, soberbia, envidia, hasta dolor, razones, motivos y excusas hay muchas.

El miedo te paraliza, analizando si lo que estás a punto de hacer realmente vale la pena; la soberbia te enceguece, creyéndote más o mejor que los demás y no eres capaz de mejorar, pues te consideras perfecto; la envidia te inmoviliza deseando  lo que son o tienen los demás y no eres capaz de desear y hacer lo que es bueno para ti y el dolor nos hace vulnerables.

La revolución sana, libera y te da paz, esa paz que sólo se logra cuando te decides a decir: “Despídete, porque te vas” o “no quiero más de esto” o “ya fue suficiente”

Para decirlo hace falta valentía, coraje y decisión, en fin hace falta tu revolución…

 

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