Tenemos exactamente lo que merecemos

Suena duro, quizá cruel pero es así. No tenemos más ni menos de lo que merecemos. Algunos se preguntarán entonces merezco este dolor, esta soledad, esta duda, esta incertidumbre, pues la respuesta a todas esas interrogantes está en nuestro interior. Nadie se cuestiona cuando suceden cosas buenas, que igualmente y sin duda merecemos . Sin embargo, la vida no es siempre color de rosa. Hay situaciones que nos obligan a ser fuertes, a madurar, si no fuera por ellas nos quedaríamos cual pichones en sus nidos, sin jamás aprender a volar, o como una mariposa en su capullo que sin el esfuerzo de romperlo para salir, no se convertiría en una hermosa mariposa.

Pero ¿somos realmente capaces de enfrentar esas situaciones y superarlas?, dependerá de cada uno. Tomamos decisiones permanentemente, la dificultad consiste en estar preparados para enfrentar las consecuencias de esas decisiones. Ahora bien, en lo que se refiere a las ofensas recibidas, pues hay un tema muy interesante, hasta cuándo voy a permitir que esa ofensa siga surtiendo efecto en mi, en mi vida, en mi actitud, en mis reacciones ante todo lo que sucede. Esto es como poner sal en la herida, sabemos que va a doler, pero nos gusta. Y aún si decidí perdonar ¿continuaré eternamente recordando la ofensa y a quién me ofendió? Nuevamente, es mi decisión.  Dicen que guardar rencor es como tomarse un veneno y esperar a que otro se muera. Nos hace daño, nos desgasta.

No me imagino cómo sería realmente disfrutar un día, si cargo con el eterno recuerdo de acciones o hechos  pasados. Y esto no significa olvidar,  porque bien dicen por ahí, perdona pero no olvides, debemos estar atentos siempre, porque a veces las personas en las que confiamos ciegamente son capaces de hacer cosas que no imaginamos. Confiar sin dudar, no es recomendable.

Nadie es 100% confiable y esto me incluye, en algún momento he tomado decisiones incorrectas, que han herido, que han dañado. Pero eso no es constante al igual que todo, tenemos buenos y malos momentos. Esas decisiones no nos definen del todo, nos define la actitud que adoptamos para hacerle frente a lo que nos sucede, eso demuestra mejor quiénes somos.

Hay algo muy importante aquí y tiene que ver con quién queremos ser, quiero ser yo auténtico o quiero ser alguien más para encajar, complacer o que me acepten.  Hay casos y casos, por ejemplo las personas que olvidan sus acentos nativos y adoptan alguno, para parecer sofisticados o interesantes, aún viviendo en sus países de nacimiento; se que esto pasa cuando vives mucho tiempo en ciertos lugares es inevitable mimetizarse con el medio, pero por favor no nos engañemos vivir en el trópico y pretender un acento ibérico, o sea ¿es realmente necesario? O el caso de una persona que a sus 25 años viajó al extranjero por una semana, al volver ya no recordaba a qué hora abrían y cerraban los almacenes en su país, jejeje, sin palabras.  Entonces cabe preguntarse “recordamos quiénes éramos, antes de que nos dijeran quienes debíamos ser”.

Voviendo al tema de lo que merecemos, es nuestra decisión; cómo enfrentar lo que nos pasa,  será nuestro cielo o nuestro infierno, lo que decidamos nosotros que sea. Esa responsabilidad no es de nadie más, no debemos ni podemos culpar a terceros de lo que nos sucede, incluso de nuestras tristezas, porque cada uno de nosotros es capaz de darle alas y fuerzas a esas situaciones, somos nosotros quienes le permitimos dañarnos o hacernos más fuertes. Al fin y al cabo “Las ofensas son como piedras, si las guardamos su peso nos hará caer”